martes, junio 23, 2009

Vinos de Australia en su peor momento

Escribe Ricardo Brizuela

Estos tanques pertenecen a la empresa
productora del famoso Yellow Tail.
Esto es parte del lago que puede
ahogar la vitivinicultura de Australia.

En pocos años, Australia pasó de la gloria al infierno: Meses antes del año 2000, el país oceánico inició una escalada de conquista de mercados para sus vinos, impresionante por su eficacia. Le corresponde ser reconocida como el país productor que logró destronar de los principales mercados (Estados Unidos e Inglaterra) a rivales de la talla de España, Francia e Italia.

En un período muy breve, del 1999 al 2007, los vinos australianos lograron triplicar las ventas a los mercados externos.

Y los australianos tenían antecedentes valederos para este éxito: desde la llegada de los primeros inmigrantes, en 1788, para poblar la colonia británica dedicada a la reclusión de los delincuentes que asolaban Inglaterra y los países de la Commenwalt, la isla se dedicó a la producción vitivinícola.

Sin embargo, pasaron muchos años hasta que, tímidamente, lograran hacer sentir su presencia en los mercados internacionales. Esto ocurrió recién en las últimas dos décadas del siglo pasado.

El boom del vino australiano que se dió desde entonces llevaba en sí mismo el germen de la derrota: año a año sus vinos fueron tomando cada vez mayor cantidad de mercado pero al mismo tiempo, sus marcas fueron resignando valor. Así, el vino australiano fue considerado un vino barato. Difícil estigma del que no pudo librarse.

Según un estudio, el año pasado el precio de los vinos australianos era un 25% mas bajo que hace una década. Este nivel es considerado por los técnicos como insostenible.

Simultáneamente, otros productores se lanzaron a competir abiertamente: Chile, Argentina y Sudáfrica lograron interesar a los mercados dominantes con vinos bien elaborados y con nuevas propuestas con gustos difinidos. El carmenere chileno, el malbec argentino y los blancos sudafricanos atacaron los flancos mas débiles de los oceánicos. Al mismo tiempo, Estados Unidos, creció en su producción con la imaginación propia de los norteamericanos.

Finalmente, el año pasado, las exportaciones cayeron un 9 por ciento, el stock de vino creció y forma un lago que amenaza con desbordarse, la sequía y el cambio climático dejará en la miseria a miles de viñateros y las asociaciones - por primera vez - piden auxilio al gobierno para salvar la marca de lo que construyeron.

Australia merece que esta historia tenga un final feliz.
Más información: http://www.diariodelvino.com/

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