lunes, abril 23, 2012

Ensenada: Vinos de la BAJA que son de ALTA calidad

México
Escribe: Mike Taylor.  Parte I

¡Hola amigos del BLOG de Vinos de Argentina!
Antes de comenzar a contar la historia de Ensenada, región localizada en la península de la Baja California, sus valles, vinos, y su gente laboriosa… es necesario que hablemos sobre la historia del vino de México. Y para no aburrirlos con tanta prosa gongóricamente barroca, les entregaré mi visón de Ensenada y los vinos de la BAJA CALIFORNIA, en partes.
Esta es la primera parte.
- Todo es historia…
Antes del México actual, es necesario hablar de las diversas culturas que habitaban el continente americano completo y sus tesoros líquidos. Así, precisamos mencionar entre otros pueblos originarios a los chibchas, incas y aymaras, calchaquíes, olmecas, mayas y aztecas… y sus bebidas fermentadas, como la chicha de maíz, la aloja de algarroba, los pozoles de cacao, el agua de mezquite, o el aguamiel de maguey, los atoles diversos, chilatole, chiloctli, chumiate, binguí, bupu y el balché.
Los pueblos originarios prehispánicos desconocían el vino en el sentido eurasiático, pero tenían bebidas propias que les alegraban la vida, ayudaban a comunicarse entre sí y con sus divinidades… y sobre todo, eran bebidas seguras. Como el vino.


- Y llegaron en sus naves montados en grandes venados…
Los conquistadores ibéricos (españoles y portugueses), introdujeron las primeras mudas de “vitis vinífera” en las Américas… y en 1524, Hernán Cortés, como primer capitán general y gobernador de la Nueva España, ordenó a los colonizadores a plantar mil viñas por cada cien aborígenes que tuvieran encomendados para usufructo (eufemismo de esclavitud). Luego vinieron las disposiciones de Carlos V, el rey del Non Plus Ultra, quién en 1531 mandó vides y olivos para el territorio del actual México. (1)

Según cuenta el Doctor en Historia, Sergio Antonio Corona Páez en su artículo “La Laguna en el siglo XVIII. Toponimia, cartografía e identidad”, el 18 de febrero de 1598 se fundó Santa María de las Parras, y ya Don Francisco de Urdiñola había fundado su vinícola Marqués de Aguayo, en la Hacienda de Santa María de las Parras. Esta sería la primera bodega comercial en la patria de Benito Juárez. A su vez un año antes, en 1597, Don Lorenzo García daba orígenes la “Hacienda San Lorenzo”, que a través del tiempo devino en lo que conocemos como la actual bodega Casa Madero. (2) (3)
Y la historia del hambre del oro, se convirtió en sed de vino… y de aguardientes.

- ¿Y qué pasó con toda esa sed de vino?
La historia no es unívoca, ni rígida o previsible, pues es humana. La historia, aunque mal pretendida por sus artífices humanos, tiene múltiples caminos, diversos rostros, ideas que no se matan ni se apagan, y genialidades que ningún mediocre consigue dominar.
La historia está o estuvo escrita por los que ganan, ya que hoy con internet, hasta los oprimidos pueden conectarse a la banda ancha de los hechos que acontecen, y según el prisma que se adopte, habrá lucha de clases, métodos de producción, expansiones geopolíticas, visiones iluminadas de colores blancos, negros, amarillos, etc.
Busquen el lente que más les convenza, pues la historia del vino mexicano es compleja, como sus productos, y reúne a griegos y troyanos, moros y cristianos, chinos y rusos, Green-gos y Adelitas, vencedores y vencidos, servidos juntos de mezcales, sotoles, tequilas, brandies, chiles, gusanos y chapulines, pozoles, tamales y moles.
Recuerden que no existe un México, por más lindo y querido que éste sea. Existen varios, muchos, diversos México, y ellos pueden ser blancos, rosados o tintos, secos o dulces, tranquilos o espumosos. Preparen una copa adecuada, verifiquen la temperatura de servicio, abran su sacacorchos, y vamos a destapar esta diversidad. ¡Salud!
- Dominados, mas ni tanto…
Entre los siglos XVI y XVII, la corona española (y la portuguesa luego lo haría en la “Terra Brasilis”), prohibieron literalmente el cultivo de uvas y producción de vinos… Los dominadores tenían sus miedos y motivos. Uno de los motivos era la competencia a los caldos venidos o importados de la metrópoli; y otro miedo, más serio, era la adulteración de vinos, como lo cuenta el Doctor Fernando de Sousa, catedrático de la Universidade de Porto en su artículo “O arquivo da Real Companhía Velha”. (4)
Pero sabemos, pues la historia nos enseño, que la rebelión silenciosa u omitiva puede más que mil decretos reales; y que los hijos del dios Baccho. (Si, no se admiren. Prefiero llamar al dios que nos congrega por su nombre griego de Βακχος o Bakkhos), no dejarían que las vides murieran en el Nuevo Mundo. Al fin y al cabo un dios es padre, no padrasto… ¿verdad?
Como ya les había anticipado anteriormente, en toda historia habrá controversias. Y una de ellas viene del mismo Doctor Sergio Antonio Corona Páez en su tesis doctoral en Historia; "La vitivinicultura en el pueblo de Santa María de las Parras. Producción de vinos, vinagres y aguardientes bajo el paradigma andaluz. Siglos XVII y XVIII", ante la Dirección de Historia de la Universidad Iberoamericana ciudad de México (antes Santa Fé), aporta evidencia documental irrefutable de que, contra lo que comúnmente se cree, el cultivo de viñedos y la producción de vinos y aguardientes en la Nueva Vizcaya fueron estimulados y privilegiados por la Corona en diversas ocasiones y lugares de la región hasta el fin de la época virreinal. La importancia de este hallazgo tira por tierra las afirmaciones de historiadores de la talla de François Chevalier (especialista en latifundios mexicanos), y de otros académicos que sostienen la teoría de que la corona española buscó impedir a toda costa el establecimiento y la explotación de viñedos americanos para proteger los intereses de los productores y comerciantes de vinos peninsulares.
La realidad histórica, mostrada por el Doctor Sergio Antonio Corona Páez, es que lugares como Santa María de las Parras, el Real Presidio de Paso del Norte (El Paso, Texas y Ciudad Juárez, Chihuahua), y Mazapil gozaban de privilegios fiscales para su nada despreciable producción vitivinícola. Sólo la producción de vinos y aguardientes de Parras podía ser equivalente a un tercio del volumen del aguardiente que se traía de España hacia el último tercio del siglo XVIII. (5).
Luego de la independencia de algunas ex colonias americanas, por obra y gracia de Don Napoleón Bonaparte, que al invadir España hizo rehén al rey Don Fernando VII, y al avanzar sobre Portugal, hizo a Don João María José Francisco Xavier de Paula Luís António Domingos Rafael de Bragança (o sea el Rey João VI), huir con quince mil personas de su corte, y los mejores tesoros lusitanos, rumbo al Brasil, y de esa forma convirtió en 1808, a mi linda “Cidade Maravilhosa do Río de Janeiro”, en la nueva capital imperial.
Pero volvamos al 16 de Septiembre de 1810, y al Padre Miguel Hidalgo llamando a la independencia novohispana en el Grito de Dolores, y veamos la “Conspiración de Querétaro”. Con la libertad nacional, vendrían tiempos de consolidación y luchas intestinas por el poder. Gobiernos provisionales, imperio, república y dictadura. Definición de territorios. Hombres, mujeres, niños y ancianos, (o mano de obra), destinados a bravas guerras. Lo que más hubo en el siglo XIX, fueron inestabilidad económica y jurídica, falta de productos y mercados. Revoluciones y reformas. Concentración y latifundios.
Si esto pudiera parecer poco, y en sintonía con el conflictivo siglo XX, México comenzó con una revolución, y le siguieron otras, que fueron de la reforma agraria y derechos civiles y laborales, a la libertad de culto, entre otras reivindicaciones, que prefiero no ahondar, para no hacer más prolífico éste texto.
En un contexto así, es fácil entender que se hacía muy difícil elaborar vinos y desarrollar mercado y educar consumidores.
No olviden que la gastronomía natural y adquirida de México, está relacionada con algunas de las bebidas que mencioné al inicio de éste artículo, y gracias a la acción popular del cine mexicano, en las figuras de Pedro Infante, o Jorge Negrete, quienes marcaron (erróneamente), en el inconsciente colectivo nacional, que el Tequila (y otros destilados), se beben en grandes tragos –mejor si es directo desde la boca de la botella– y no en pequeños sorbos, como bien lamenta Jesús Martinez, director de la casa tequilera Herradura. (6)

- Pobrecito México, tan lejos de…
Así comienza un dicho popular en la patria de Octavio Paz, que refleja la difícil, ambigua, y dolorosa relación que el país mantiene con sus vecinos y socios en el TLC Tratado de Libre Comercio. Pero seamos flexibles. En toda relación siempre hay dos o más puntos de vista encontrados, desencontrados, necesidades, amores, desamores, y en ésta frontera, la cosa no podría ser diferente.
Lejos de mí cualquier cáliz que no contenga vino... Y el México de hoy es el país con mayor consumo per cápita de aguas gaseosas, o como las conozcan: soda, refrigerante, refrescos. Se estima que una persona (que no soy yo), consume promedio 163 litros al año, mientras que en la tierra del Tío Sam, el consumo promedio por persona es menor a 119 litros. Estos datos son tan graves, que son considerados epidémicos por la O.M.S. Organización Mundial de la Salud y Naciones Unidas. (7)
Y a todo este escenario, agreguemos que la tierra de Cantinflas y del Chavo del Ocho, produce cervezas artesanales s-o-r-p-r-e-n-d-e-n-t-e-s tanto en calidad como sabores (Ramuri, Minerva, Cucapá, entre otras). Y si de cervezas industriales se trata, órale, entre las dos empresas dominantes (¿alguien dijo monopolio?), del mercado, el Grupo Modelo (Corona, Modelo, Victoria, Pacífico, etc), y el Grupo Cuauhtémoc Moctezuma (Tecate, Bohemia, Indio, Dos equis, Sol, Nochebuena, etc), tampoco le hacen feo con sus productos.
Se estima que el consumo (aquí se dice pisteo, del neoverbo pistear), de “chelas, chevas, bielas, pisto” per cápita en México asciende a casi 52 litros por año.
- ¿Y los vinos, que?
El consumo de vino per cápita de los mexicanos es escaso, ni llega al litro por año. Y se parece con esos números a los registrados por países como India y China, es decir, un consumo incipiente. Si bien hay indicadores positivos en el mercado, la mejor parte se la lleva el vino importado (60 % de todo el vino consumido).
¿Y es que el vino mexicano es malo, o caro?
No. Definitivamente no. Si comparamos el mayor volumen de vino nacional a venta en botella de 750 ml, éste no supera el precio de venta al público de 85 pesos mexicanos, es decir aproximadamente unos 7 dólares norteamericanos.
Entonces, ¿qué le falta al vino mexicano para ser más popular en su propia patria?
Esa y otras respuestas, se las daré en la próxima entrega sobre Ensenada, México. Vinos de la BAJA que son de ALTA calidad, donde les contaré secretos y sabores de los productores, enólogos, winemakers. Aguarden…
Mis enoabrazos de siempre…
Mike Taylor

Director

The Woinos Group by Mike Taylor 

(Brasil-Argentina-México)

Gracias Mike querido, uno de los expertos en sommellerie más importantes del mundo.
Esperamos la parte II de este informe sin precedentes.
Silvia Ramos de Barton
Directora

Fuentes:

1- Vinos mexicanos y vinícolas en México
2- La Laguna en el siglo XVIII. Toponimia, cartografía e identidad
3- Casa Madero
4- O arquivo da Real Companhía Velha
5- La vitivinicultura en el pueblo de Parras. Producción de vinos, vinagres y aguardientes bajo el paradigma andaluz. Siglos XVII y XVIII
6- El cine creó el error de que el tequila se toma a tragos y no a sorbos
7- México, el mayor consumidor de refrescos
8- Crece consumo de cerveza en México

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