viernes, julio 03, 2015

Cuento: Buon Appetito, Fiammetta

Buenos Aires

En el marco del taller "Por el Gusto de Contar" escribí este cuento donde trabajé los tiempos de verbos. 
Espero que les guste. 


Hordas de mendigos  y ropajes indistintos ardían al unísono a los pies de la Piazza Della Signoría. Diez guardias civiles erguidos en la puerta de entrada del Palazzo Vecchio impedían el paso al vulgo de salvaguardarse de la sombra que azotaba Florencia en 1348.  

Puertas adentro, doce nobles, todos mozos, -siete caballeros y cinco damas- esperaban sentados a la mesa, casi desnudos, que el almuerzo fuese servido. Conversaban a los gritos sobre el horror que se veía a través de las ventanas.

En la cocina, una olla hirviente contenía el primer plato de una estadía que se percibía eterna... El autor de la receta era Giovanni Boccaccio, un joven escritor que había vuelto de los confines napolitanos, (¿o confites?).  Se trataba de una combinación de carne, pasta y líquidos.

Beodo en la taberna, Giovanni le había escrito en un papel sucio el paso a paso  de este manjar  a la cocinera del palacio luego de que ella, absorta por su hombría, se hubiese entregado a la perdición de sus encantos.

“Ir al mercado,  buscar 4 cuartos de pollo deshuesado, harina, huevos y aceite.  Amase una pasta, córtela en redondeles y calcule 10 trozos por invitado. Luego hierva agua, coloque el pollo deshuesado. Una vez listo, en el mismo agua hirviente, coloque la pasta, cocine 10 minutos y sirva. 
Buon Appetito!”

Mientras todos miraban por la ventana, María de Aquitania no siente pudor de estar casi desnuda frente a su esposo y a los invitados de Silvestre de Médici. Sus vestiduras crepitaban como único paliativo para distraer la parca.  No hace frío en el palazzo, es verano, por tal motivo la guadaña avanza con prisa y sin pausa.  

La guardia oficial ahora enciende una nueva fogata en la esquina con muebles de una iglesia, se divisa una cruz flameante.  Sin embargo, nada impide a María pensar en su amante Giovanni. No sabe que Silvestre ha dado la orden de envenenarla esa misma noche a cambio de una fortuna que le pagará su esposo quien se lo ha canjeado. 

Ella yacerá en minutos y su belleza y su llama se apagarán para siempre. Su esposo recuperará esa fortuna y Silvestre de Medici creará con ese dinero ganado con la vendetta,  los bancos. La peste se llevará 50 millones de contemporáneos.  Giovanni escribirá “El Decamerón” y esa misma María que se está sentando a la mesa para tomar su última cena, será la musa inspiradora a la que llamará La Fiammetta.

Silvia Ramos de Barton
Directora
Twitter: @SilBarton

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